lunes, 26 de julio de 2010

La Salvación por fe, a todos los hombres. Romanos 1:16-17 (2da. parte)


El MEDIO de la Justificación.

Ya hemos hablado anteriormente, que el pecador obtiene la justicia de Dios, por medio de la fe, o sea que nadie puede ser justificado sino por la fe, pero, sin embargo, nadie es justificado sobre su fe. Para explicar lo anterior, debemos de tener en cuenta que la fe, en sí misma, no salva al pecador, ya que solo lo salvara sí y solo sí, le lleva a Cristo, que es quien le salva, lo que nos lleva a concluir, que aún cuando la fe es un medio necesario para la justificación, no es en sí misma la causa o la base de la justificación.

Para aclarar mas este punto, se puede decir que Pablo, nunca está diciendo que los creyentes son justificados por causa de su fe, ya que si la fe fuera la base de la justificación, la fe se convertiría entonces en una obra meritoria para el creyente, con lo que el evangelio se basaría en una justificación por las obras del creyente, algo que Pablo rotundamente niega (Rom. 4:4; 11:6; Gal. 5:1-12). Realmente Pablo considera la fe, no como la causa de la justificación, sino que, más bien la ve como la mano vacía del pecador, extendida, que recibe la justicia de Dios, gratuitamente, al recibir a Cristo.

La fe, no es algo que pueda ya estar en el alma de cada uno de nosotros, que solo se necesite ser dirigida hacia Cristo, para que la misma pueda ser efectiva en uno mismo, sino que al contrario, esta es creada en el alma nuestra por el Espíritu Santo, cuando nacemos de nuevo, en Cristo. La fe no es algo que el hombre pueda darle o regalarle a Dios, muy al contrario es, el regalo de Dios para el hombre.


B. La salvación al hombre sin excepción

La salvación del hombre caído, por medio de la única condición de la fe en Cristo, es dada a todos los hombres sin excepción alguna, judíos o no judíos (gentiles). Esto era algo difícil de entender por los grandes maestros del judaísmo, ya que muchos de estos judíos, creían que Dios mostraría su misericordia y amor, solamente al pueblo de Israel. Si alguno que no fuera del pueblo de Israel, algún gentil, quería ser salvo, según su entendimiento, los judíos pensaban que el mismo debía de someterse a la ley de Moisés, debiendo de ser circuncidado, y por consiguiente, convertirse en miembro del pueblo judío, para que con esto Dios pudiera salvarle.

Al contrario, Pablo nos muestra que esto no es así, ya que todo aquel que cree en el evangelio, sin distinción de raza y sin distinción de cualquiera otra cosa, tiene la promesa de la salvación, que es en Cristo Jesús.

Esto, como que no era algo nuevo que se estuviera predicando, o que Pablo fuera el primero en predicarlo. Lo mismo ya se había enseñado en el Antiguo Testamento, algo que Pablo tiene muy presente, ya que para sentar la base de la doctrina de la justificación por la fe, que como ya lo hemos dicho anteriormente, es la base del evangelio y tema de esta carta a los romanos, Pablo cita a Habacuc 2:4.

Pero antes de desarrollar el tema de la justificación por la fe, Pablo, desde el versículo 1:18 hasta el versículo 3:20, nos muestra el hecho que todos los hombres son pecadores, que ni uno sólo puede llegar a ser justificado por una obediencia personal a la Ley. El hombre puede buscar de muchas maneras estar en una correcta relación con Dios, pero con sus obras no podrá nunca poder hacerlo, será solamente por su absoluta fe en el amor de Dios, demostrada por la obra de Jesucristo su hijo, que hará posible que el hombre, no importando su nacionalidad, entra en esa estrecha relación con Dios.


Conclusión

Para concluir este tema, debemos de tener en cuenta, el no confundir la justicia que nos fue dada, o imputada, la cual hemos recibido por la fe, con “actos, u obras personales” de justicia que algún creyente pudiera hacer, como resultado de la obra del Espíritu Santo, que habita en sus corazones al momento de haber creído en Cristo. Estas obras personales, no le añaden nada o le dan valor a nuestra justificación.

La justicia por la cual hemos sido justificados, no es algo que nosotros hayamos hecho por nosotros, o algo que de nuestro interior hayamos hecho crecer o dirigir, sino que, muy al contrario, fue algo que se hizo para nosotros y se nos fue imputado.

Es la obra que Cristo hizo, y al mismo tiempo sufrió para satisfacer las demandas de la ley, que somos justificados. Es por su sangre derramada, por su muerte, por su obediencia, que somos hechos justos en El, y somos justificados por El.

La justicia de Dios, revelada en el evangelio, por el cual somos hecho justos, es la justicia perfecta de Cristo, que cumple completamente todos los requisitos de la ley a la que todos los hombres están sujetos y la que todos los hombres han quebrantado.

Para tratar de ejemplificar lo anteriormente escrito, veamos el siguiente caso: Supongamos que hemos sido encontrados culpables de un gran delito en un proceso judicial, y el juez nos ha condenado a la pena de muerte, por este delito. No tenemos ya nada que apelar, pues todos los recursos han sido agotados, solamente esperar que la sentencia sea ejecutoriada. Pero, cuando ya no teníamos esperanza alguna, el juez nos indica que nos da una medida sustitutiva para evitar la pena de muerte, y nos concede una fianza para salir libres. Pero de nuevo, recibimos una nueva desilusión, al comprobar que la fianza es demasiada elevada, y que no tenemos con qué pagarla, ni trabajando día y noche toda nuestra vida, podemos llegar a pagarla. Y de repente, el juez hace una excepción y nos da otra salida, y nos dice que él nos dará con que pagar esta fianza tan grande, y lo hará de una manera gratuita, que lo único que tenemos que hacer es…aceptar dicha oferta. Oh, qué alegría, el juez nos ha dado con que pagar la fianza para que salgamos libres!!

Como nos sentiríamos, si nos pasara algo parecido? No estaríamos sumamente felices y agradecidos con el juez?

Pero nuestra felicidad, no nos deja ver, que aunque somos libres de muerte, también somos o nos hemos convertido en deudores del juez que pago la fianza por nosotros verdad?

Que nos queda por hacer?

Si somos consientes de esto, lo que nos queda por hacer es pues, pagar de alguna manera la deuda, con alguna obra de agradecimiento por haber sido liberados de una muerte segura.

En eso nos hemos convertido, todos aquellos que hemos sido justificados por la fe en Cristo. Ahora somos deudores de Él, para toda nuestra vida…hagamos entonces obras de agradecimiento mientras vivamos.

Dios les bendiga.

lunes, 19 de julio de 2010

La Salvación por fe, a todos los hombres. Romanos 1:16-17

Introducción

Muchas veces hemos oído acerca de que hemos sido salvos por fe, que hemos sido justificados y que no importa que seamos gentiles y no judíos, somos igualmente salvos. Cuando queremos profundizar acerca de este tema, no podemos dejar de leer la carta que el apóstol Pablo escribió a los romanos. Es por eso que, en este estudio, se abordara el abordara el tema, buscando la base legal o jurídica, por la cual nos podemos sentir justificados por Dios, libres de toda condenación, aunque seamos merecedores del castigo por nuestros pecados, la muerte.

Es indiscutible que la Carta a los Romanos del apóstol Pablo es muy diferente a otra de sus cartas. Cuando Pablo escribió la carta a los “Romanos”, se estaba dirigiendo a una iglesia, en la que no había participado en su fundación, ni había tenido contacto personal con alguno de sus miembros. Esto explicaría la razón, de por qué en Romanos hay tan pocas alusiones a los problemas prácticos que abundan en las otras cartas escritas por el apóstol Pablo. Romanos, a primera vista, parece ser una carta mucho más impersonal, y es la que más se parece a un tratado teológico, por así decirlo.

Pablo, en casi todas las otras cartas, estaba escribiendo para: tratar algún problema inmediato, alguna situación apremiante, algún error que se estuviera cometiendo, de algún peligro amenazador a la iglesia que estuviera por suceder. Por eso, se puede concluir entonces, que Romanos es la carta del apóstol Pablo, que más se acerca a una exposición sistemática de la posición teológica que le fue dada, independientemente de cualquier problema o circunstancia que se estuviera dando en la iglesia en Roma.

El Tema de la carta a los Romanos: 1:16-17

"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios
para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe,
como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."

En los primeros quince versículos del primer capítulo de la carta a los Romanos, el apóstol Pablo, se ha presentado, ha dado saludos como una gran introducción de esta carta, como tratando de atraer la atención a los destinatarios de su carta, pero no es hasta estos dos versículos 16 y 17, que ahora Pablo enuncia el tema de esta preciosa carta.

En esta pequeña porción, de más que dos versículos, contienen la quintaesencia del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Las dos doctrinas principales que se pueden encontrar en esta carta a los Romanos, se presentan en estos dos versículos 16 y 17 del capítulo 1. Es como que estos dos versículos fueran “el tema”, y el resto de la carta “el sermón” (la explicación o prueba del tema). Estas dos doctrinas principales son:

          A. La salvación solamente por la fe (La justificación por fe).
          B. La salvación a todos los hombres, sin excepción.

A. La salvación solamente por la fe
El evangelio revela la “justicia de Dios”, la cual le es dada a todo aquel que cree en Jesucristo. El pecador obtiene esta justicia “por medio de la fe”, y no por guardar ninguna ley, ni por otra clase de obra alguna.

En la carta a los romanos, Pablo hace referencia a la justicia de Dios, ocho veces. Tres veces hace referencia a la justicia de Dios como atributos de El (Rom. 3:5, 25,26), y cinco veces, se refiere a la justicia que Dios “da” o “imputa” a todos aquellos que creen en su hijo (Rom: 1:17; 3:21,22; 10:3). Esta justicia otorgada por Dios es sin las obras de la ley (Rom. 3:28:4:1-8,23-25), no es de nosotros (Fil: 3:9), es un regalo de Dios (Rom. 5:17), y es recibida por la fe (Rom. 1:17; 9:30; 10:4; Gal. 2:15-21).

Es solo por la fe, que el injusto recibe la justicia perfecta de Dios, o sea, que se le otorga “La justicia de Dios”, y es en esta base, de la justicia, que le es dada o imputada, en la que descansa su justificación ante Dios, o dicho en otras palabras, que es puesto en buena relación con Dios y, recibe la justificación por la cual es declarado libre de culpa y de condenación.

Pero, que es justificación?
El significado bíblico de justificar, es declarar, aceptar y tratar al hombre como si fuera justo. Entonces, la Justificación, se podría decir, que es una “sentencia legal” o “declaración divina”, por medio de la cual, Dios considera al hombre libre de toda falta o culpabilidad y acepto a sus ojos. Como que el hombre es declarado haber cumplido con todos los requerimientos o requisitos legales necesarios para quedar en libertad, como si, por un lado, no fuera responsable penalmente, y por otro, merecedor de todos los privilegios debidos a todos aquellos que han guardado la ley.

En términos legales justificación, denota un acto judicial de la administración de justicia, declarando en este caso, un veredicto de absolución, y, por lo tanto, excluyendo toda posibilidad de condenación al acusado. Entonces, la justificación, en este sentido, establece la situación legal de la persona justificada.

Tratando de resumir, el hombre por naturaleza, es culpable de pecado, por lo tanto, falto de justicia en el más mínimo grado, y por ello, condenado a muerte. Por tanto, solo los hombres que llegan a tener la justicia perfecta de Dios, la cual le es dada o imputada, son justificados y libres de toda condenación.

Ahora bien, cual es el significado de Imputación?
Según el diccionario, Imputar, significa contar, acreditar, atribuir, etc., por lo que, podemos decir que imputar algo a una persona, sería como, poner ese algo a su cuenta, o contárselo entre las cosas que le pertenecen. Dicho de otro modo, si a alguna persona se le imputa algo, este algo pasa a ser legalmente suyo, le es contado como de su posesión.

Por otro lado, al referirnos al significado de imputar, debemos también tomar en cuenta que no importa quién es el que imputa tal cosa a alguna persona (hombre o Dios mismo), que no importa qué es imputado, si es una acción buena para recompensa, o una mala para castigo, y finalmente, no importa si lo imputado es algo que nos pertenecía antes de la imputación, como podemos ver cuando Pablo le pide a Filemón que una deuda que no era suya, le sea cargada a su cuenta (Filemón vers. 18). En todos estos casos entonces, la acción de imputar es simplemente cargarle algo a alguien, lo cual no cambia a nadie su naturaleza, solamente afecta su posición legal.

Entonces, cuando Dios decide “imputar pecado” a alguien, significa que Dios considera a esta persona como pecador y en consecuencia, es declarado culpable y merecedor de castigo. Del mismo modo, la no imputación de pecado, significaría simplemente, no cargar de pecado a esta persona, liberándola de cualquier castigo (Salmo 32:2).

Por último, de esta misma forma, cuando Dios decide “imputar justicia” a una persona, el significado es que Dios, judicialmente declara a tal persona como justo y merecedor de todas las recompensas a que toda persona justa es merecedora (Rom. 4:6-11).

La BASE de la Justificación.
Podemos decir entonces, por lo anteriormente expuesto, que la base de la justificación es: “La doble imputación de pecado y justicia, para Cristo y creyente”.

Primeramente, los pecados del creyente fueron imputados a Cristo, por eso Él sufrió y murió en la cruz (I Pedro 2:24; II Corintios 5:21). Cristo fue hecho legalmente responsable de los pecados del creyente, cumpliendo las demandas de la justicia, con lo cual, liberándole para siempre de la condena a la cual había sido castigado, la muerte.

Pero debemos de tener muy presente que, cuando los pecados del creyente le fueron imputados a Cristo, esta imputación no hizo a Cristo pecador, o mucho menos contamino su naturaleza, ni tampoco, en ningún modo, afecto su carácter. Dicho acto, sólo convirtió a Cristo en el responsable legal de tales pecados, ya que la imputación, como ya dijimos, no cambia a nadie su naturaleza, solamente afecta la posición legal de la persona.

En segundo lugar, la justicia de Cristo le es imputada al creyente. Recordemos que Cristo vivió una vida perfecta, guardando completamente la ley de Dios. Esta justicia personal de Cristo, le es entonces imputada al hombre pecador, que no es justo, al momento en que cree en Él. La justicia de Cristo le es dada al creyente, y Dios lo ve como si él mismo hubiera hecho todo lo bueno y justo que Cristo hizo. La obediencia de Cristo, sus méritos, su justicia personal, le es imputada, dada, al creyente.

Pero también demos de tomar en cuenta, que aunque al creyente le es otorgada la justicia de Cristo, en ningún modo cambia la naturaleza pecaminosa de dicho creyente, así como tampoco la imputación de pecado a Cristo, cambio su naturaleza divina. Al creyente solamente se ve afectada su posición legal ante Dios. El creyente seguirá siendo un pecador durante el tiempo que viva en este mundo.

continuara…

viernes, 16 de julio de 2010

Quién es sabio y entendido entre vosotros?

El hombre actualmente está cada día confiando mas en el conocimiento alcanzado por el mismo. La ciencia esta tan avanzada que llegan a decir que tarde o temprano nuestro fin llegará, y no el fin pronosticado por la Biblia, sino que el fin innegable que predice dicha ciencia, un fin que podría venir por varios medios, o por la suficiente evidencia tangible que se tiene que cada decena o cientos de millones de años, al menos un gran meteorito choca contra nuestro planeta, exterminando gran parte de la vida sobre este, etc.


Pero esta forma de pensar no es nueva, el apóstol Pablo ya hablaba de esto en su carta a los Romanos (1:18-22), en donde nos indica que los hombres “Profesando ser sabios, se hicieron necios”, “Pues Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido”.

Santiago en su carta, hace esta pregunta retorica “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?” (3:13), y hace la pregunta no porque esté buscando al sabio y entendido, sino como sigue escribiendo, está afirmando que si alguien es sabio y entendido, esa persona mostrará su sabiduría mediante una vida recta, y mediante su mansedumbre sabia.

Para Santiago el sabio no es el sabelotodo, que siempre tiene una respuesta preparada de antemano para cada pregunta. El sabio es aquel que ha comprendido la naturaleza y el propósito del saber. Verdaderamente sabio es aquel que sabe para qué sabe, que sabe lo que sabe, y fundamentalmente, que sabe lo que ignora. El entendido, de la misma manera, no es aquel que tiene la capacidad de comprender todas las cosas, sino aquel que comprende la naturaleza y el propósito de las cosas y que, justamente por eso, tiene la capacidad de enseñarlas a otros.

Pero la “sabiduría” del hombre, la “sabiduría terrenal”, como dirá más adelante Santiago (3:14–16), produce celos amargos, contiendas, rivalidad, jactancia, miente en contra de la verdad, perturbación y gran variedad de prácticas perversas. En cambio, la “sabiduría” que viene “de lo alto” (3:17, 18), produce paz, pureza, benignidad, buenos frutos, imparcialidad y sinceridad, literalmente, sin hipocresía.

Un antiguo proverbio árabe dice: “No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes; porque el que dice todo lo que sabe, el que hace todo lo que puede, el que cree todo lo que oye, el que gasta todo lo que tiene, muchas veces dice lo que no conviene, hace lo que no debe, juzga lo que no ve, gasta lo que no puede”. Así también el apóstol Pablo recomendó a los corintios no confiar en la sabiduría de este mundo (1 Cor. 1:5, 17; 2:1–5), aunque sí afirmó que: “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; pero una sabiduría, no de esta edad presente, ni de los príncipes de esta edad, que perecen. Más bien, hablamos la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó desde antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Cor. 2:6, 7).

Pablo y Santiago desprecian la sabiduría pretensiosa y jactanciosa del mundo, pero revalorizan la sabiduría de Dios, una sabiduría que el mundo no comprende, pero que es la que verdaderamente hace girar a este mundo.

La Palabra de Dios, la medicina para nuestra vida

La meta de la nueva vida en Cristo es que los hijos de Dios exhiban la “melodía y armonía” de Dios en su conducta de vida. Pero, ¿Qué melodía? Pues, la canción del Dios de justicia. Y ¿Qué armonía? Pues, la armonía entre la justicia de Dios y nuestra obediencia.

Únicamente andando en la maravillosa ley de Dios podemos estar seguros de nuestra adopción como hijos del Padre. La ley de Dios contiene en sí misma la dinámica de la nueva vida por medio de la cual Dios restaura Su imagen en nosotros; pero por naturaleza somos perezosos y negligentes, por lo cual necesitamos la ayuda y el estímulo de un principio que nos guíe en nuestros esfuerzos.

Ese estimulo debiera de ser el buscar la sabiduría que solo viene del conocimiento que tengamos de Dios y su palabra. Casi toda la suma de nuestra sabiduría o conocimiento, que de veras se deba tener por verdadera y sólida, consiste en dos puntos muy importantes a tener en cuenta: el conocimiento que el hombre debe tener de Dios y el conocimiento que debe tener de sí mismo.

Pero, como estos dos conocimientos están muy unidos y enlazados entre sí, no es cosa fácil distinguir cuál precede y origina al otro, pues en primer lugar, nadie se puede contemplar a sí mismo sin que al momento se sienta impulsado a la consideración de Dios, en el cual debiera vivir y moverse; porque nadie debiera de dudar que los dones, habilidades o bienes que poseamos no son en manera alguna nuestros, y aún más, el mismo ser que tenemos y lo que somos no consiste en otra cosa sino en subsistir y estar apoyados en Dios. Además, no olvidemos también que todo lo bueno que podamos poseer, es como gota a gota que descienden sobre nosotros del cielo, y que nos encaminan como arroyuelos a la fuente.

Por la misma caída y transgresión del hombre, nos obliga a levantar los ojos arriba, no solo para que como seres hambrientos pidamos de allí lo que nos haga falta, sino también para que, aprendamos humildad para poder, por lo menos, alcanzar algún conocimiento de Dios.

Así, por el sentimiento de nuestra ignorancia, vanidad, pobreza, enfermedad, egoísmos, envidias y finalmente perversidad y corrupción propia, reconocemos que en ninguna otra parte, sino en Dios, hay verdadera sabiduría, firme virtud, perfecta abundancia de todos los bienes y pureza de justicia para limpiar y sanar nuestras vidas.

Un sincero arrepentimiento de corazón no garantiza que no nos desviemos del camino recto, y es más, muchas veces nos encontraremos perdidos, perplejos y hasta desconcertados por nuestra propia naturaleza pecaminosa.

Busquemos pues, en la palabra de Dios, los principios fundamentales para sanar, reforzar y encauzar nuestras vidas hacia la fuente de toda vida, Dios.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Ser Conscientes de Dios. II Parte

Continuando con el tema anterior, hablaba de un segundo aspecto que debemos de tomar en cuenta en la revelación que Dios hace de sí mismo, validándose de la creación hecha por el, que nosotros le llamamos naturaleza. A este segundo aspecto le podríamos llamarle una revelación interior o, al menos, la capacidad interior de sentirla o recibirla. Acá vuelvo a mencionar que ninguna persona en su estado natural ha llegado realmente a conocer a Dios en el sentido bíblico más cabal, pero, todas las personas tienen la capacidad de recibir la revelación natural. Pablo se refiere a esta capacidad cuando dice que "lo que de Dios se conoce les es manifiesto" (Rom. 1:19).

Veamos un ejemplo sencillo. Supongamos que venimos manejando por una calle y vemos una señalización que dice: "Desvío girar a la izquierda". Pero ignoramos esa advertencia y continuamos conduciendo de frente y no hacemos el desvío a la izquierda. Pero para nuestra mala suerte, hay un oficial de policía cerca que nos hace el alto y nos impone una multa. ¿Qué excusa podríamos tener? Podríamos decir que no vimos la señalización. Pero no hará ninguna diferencia, por que, mientras estemos conduciendo el automóvil la responsabilidad de ver las señales de tránsito y obedecerlas les nuestra. Aun más, seremos responsables si, por haber ignorado tal señalización, nos caemos por un barranco destruyéndonos a nosotros y a nuestros pasajeros.

Pablo nos está diciendo, primero, que hay una señalización. Es la revelación de Dios en la naturaleza. Segundo, podemos “verla”. Si elegimos ignorar la señalización, y arriesgarnos a un desastre, la responsabilidad será solo nuestra. El juicio de Dios (como el del oficial de policía, al imponer la multa) se debe a que siendo conscientes de Dios nos negamos a reconocerle como Dios, y no, a que no le hayamos podido conocerle. Pablo mismo escribe: "de modo que no tienen excusa; pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios" (Ro. 1:20-21).

Este párrafo que Pablo escribe, no está diciendo que la señalización está ahí pero que está oculta, que sólo la podremos ver si miramos detenidamente con un microscopio, como si fuéramos unos científicos. Pablo está diciendo que la señalización es bien clara. Es como un anuncio publicitario. No hay nadie, no importa lo tonto o insignificante que sea, que pueda tener como excusa no haberla visto. Hay suficiente evidencia de Dios en una flor de forma tal que tanto un niño como un científico pueden ser conducidos hacia Dios. Hay suficiente evidencia en un árbol, un río, un grano de arena, una huella dactilar, para hacernos glorificar a Dios y agradecerle por revelarse a nosotros. Este es el camino del conocimiento de Dios, pero lamentablemente las personas no lo tomarán. Pondrán a la naturaleza o a partes de la naturaleza en lugar de Dios y se encontrarán con sus corazones entenebrecidos, duros y necios.

Juan Calvino llega a esta conclusión: "Pero aunque no tenemos la posibilidad natural de alcanzar el conocimiento puro y claro de Dios, no tenemos excusa, ya que la torpeza es nuestra culpa. Y tampoco podemos pretender ser ignorantes sin que nuestra conciencia nos acuse de bajeza e ingratitud".

Cuando Calvino habla de la bajeza y la ingratitud del hombre, nos trae al segundo punto que expuse en el argumento de Pablo a los romanos, el hecho de que todos hemos rechazado a Dios a pesar de la revelación que Dios hace de sí mismo en la naturaleza. Sin embargo, cuando Pablo desarrolla este punto en Romanos (vs. 18), también nos da la razón y el porque de nuestro rechazo, y esta se encuentra en la frase "que detienen con injusticia la verdad".

Acá quiero ir al griego original en que esta escrita esta carta, para explicar la palabra traducida "detienen", que en griego es "katechein", y que significa "sostener", "sujetar", "mantener", "coger", "contener", "restringir", "reprimir". El término entonces, en un sentido positivo se utilizaba para significar estar sujetos a algo que es bueno. Pablo nos habla en otra de sus cartas de "estar asidos a la palabra de vida" (Fil. 2:16), y en un sentido negativo, esta palabra se utilizaba para significar cuando equivocadamente se restringe o impide algo. Es así como en las nuevas traducciones de la Biblia, este párrafo de Romanos 1:18 lo traducen como lo que "detienen la verdad con su maldad" (NIV), "detienen la verdad con injusticia" (NASB), y "mantienen la verdad encarcelada en su maldad" (JB).

En otras palabras, el ser humano está "enterrando” la verdad, por lo que entonces, esta es la naturaleza del problema, y la ira de Dios se revela desde los cielos contra los seres humanos, no porque simplemente o por descuido, no se han dado cuenta de la verdad, sino, más bien, porque en lo profundo de sus corazones, con maldad y deliberadamente, han reprimido lo que sabían o han aprendido sobre Dios.

Toda persona tiene el conocimiento suficiente para volverse de su forma de vida hacia Dios y así, por lo menos, comenzar a buscarle. Pero este conocimiento, en vez de aceptarlo, ha sido rechazado o reprimido, deteniendo la verdad, ya que amenaza con demoler el punto de vista y/o estilo de vida de la persona.

¿Por qué hacemos esto?

Si es cierto que, como he señalado anteriormente, el conocimiento de Dios obra siempre para nuestro beneficio, y si, como acabamos de decir, el principio de dicho conocimiento ya se halla presente en nosotros, entonces, sigo con mas preguntas, ¿Por qué lo reprimimos? ¿No tendríamos que recibir esta verdad con los brazos abiertos e intentar tomar más de ella? ¿Acaso las personas son simplemente irracionales en este asunto? ¿O será que el argumento de Pablo es erróneo?

Yo realmente creo que Pablo no está equivocado. Los hombres y las mujeres detienen la verdad, y pienso que el motivo por el cual lo hacen eso, es porque esta en su “naturaleza” rechazar a Dios, no les gusta la verdad sobre Dios, no les gusta el Dios a quien esa verdad los conduce.

Notemos que Pablo comienza estos versículos de Romanos diciendo que la ira de Dios se revela desde el cielo contra "toda impiedad e injusticia de los hombres".

La impiedad tiene varios significados. En esta ocasión no significa que los seres humanos no son como Dios (si bien esto es cierto), sino que además están en un estado de oposición a la naturaleza divina de Dios. Dios es soberano, pero a las personas no les gusta su soberanía. No desean reconocer que hay uno que con rectitud los gobierna. Realmente a nadie le gusta que le gobiernen. Dios es santo, pero a los hombres y las mujeres no les gusta su santidad. Su santidad pone nuestros pecados sobre la mesa. No nos gusta un Dios que ve hasta en lo más recóndito de nuestros corazones y que nos conoce íntimamente. Casi todo lo que puede ser conocido sobre Dios le resulta, de algún modo u otro, repulsivo al hombre natural. Entonces reprime la evidencia que lo podría conducir en la dirección del verdadero conocimiento de Dios.

Y con la segunda palabra que es "injusticia", solo puedo decir que al hombre natural todo lo que sea de Dios le resulta repugnante, pero el motivo sustancial de esta repugnancia es la justicia divina. El hombre y la mujer, no son justos ni son rectos, y están conformes con su falta de justicia y rectitud. En consecuencia, no desean conocer a un Dios que les demandaría imposiciones morales. Conocer a Dios requeriría entonces un cambio en esa forma de ser, en otras palabras, el rechazo a conocer a Dios se basa en causas morales y no intelectuales.

Bueno, hemos llegado a esta altura a la fuente del problema humano. Los hombres y las mujeres han rechazado el conocimiento de Dios. Pero les resulta imposible detenerse ahí. Han rechazado a Dios; pero todavía son criaturas divinas y en su carácter intelectual y moral tienen necesidad de Dios (o de algo que se le asemeje). Al ser reacias a conocer al verdadero Dios y al no poder vivir sin él, porque muy dentro de ellos hay un vacío, algo les hace falta, y como no encuentran como llenar ese vació, se inventan dioses sustitutos para ocupar su lugar. Estos dioses pueden ser por ejemplo, las leyes científicas sofisticadas de nuestro tiempo, los dioses y las diosas del mundo antiguo, griego, romano, etc., o las imágenes bestiales y depravadas del paganismo, o cualquier otra cosa que se les ocurra.

Lo irónico de todo esto es que, los hombres y las mujeres no desean aceptar a Dios, y sin embargo, necesitan algo que ocupe el lugar de Dios.

Podríamos decir entonces, que el proceso de este rechazo del hombre y de la mujer hacia Dios, es un proceso de tres etapas, bien conocido por los psicólogos contemporáneos (que me corrijan los que son psicólogos si me equivoco): el trauma, la represión y la sustitución.
Este rechazo del ser humano a conocer el Dios verdadero choca contra el y lo lastima. Es traumático. Como consecuencia, reprimime lo que sabe de Dios. Pero, este conocimiento de Dios, aunque reprimido, no puede ser destruido, permanece intacto, aunque profundamente enterrado en el subconsciente, su ausencia es sentida, y el Dios verdadero es sustituido por "lo que no es Dios".

Finalmente, llegamos así a la primera afirmación de Pablo, habiendo tomado los tres puntos principales de la porción en el sentido inverso: la ira de Dios se revela contra los seres humanos porque han reprimido lo que comprendían del conocimiento de Dios.

Algunas personas no se sienten cómodas con la enseñanza de que el Dios del universo manifieste ira. Entienden que Dios es un Dios de amor, como sin duda lo es, y eso si lo aceptan, pero no pueden comprender cómo Dios puede poseer ambas características, eso no lo aceptan. En este punto, o no comprenden, o no conocen a Dios. Si realmente conocieran a Dios, sabrían que si El no manifestara ira contra el pecado, fuera un Dios deforme o mutilado, como que le faltara algo, pero realmente a Dios no le falta nada, El es perfecto en su amor, eso es una gran verdad.

Pero Dios también es perfecto en su ira, como Pablo bien nos dice en Romanos, "se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres". De cualquier forma lógica de presentar esta doctrina o enseñanza, la ira de Dios es la primer verdad que debemos aprender sobre él. ¿Por qué no comenzó Pablo diciéndonos que el amor de Dios se revela desde el cielo? No lo hizo porque Dios no sea amor, porque sí lo es, como Pablo nos demuestra en esta carta a los romanos y en otras cartas incluidas en la Biblia. Lo hace para que reconozcamos nuestra profunda necesidad espiritual y que estemos preparados para recibir el conocimiento de Dios a través de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque sólo así podremos recibirlo. Cuando los hombres y las mujeres se acercan a Dios jactándose de su supuesto conocimiento espiritual, Dios los declara ignorantes. Si se acercan a Dios jactándose de sus propios logros, Dios no les toma en cuenta eso y no los recibe. Pero si, con humildad, reconocen que han rechazado lo que Dios con claridad reveló en la naturaleza, que no tienen excusa, que la ira de Dios justamente está suspendida sobre ellos, entonces Dios obrará en sus vidas. Les mostrará que ya abrió un camino para que la ira de Dios no caiga sobre ellos, que Jesús lo tomó, y que ahora el camino está libre para que crezcan en el amor y el conocimiento de Dios que es la salvación.


Espero que este tema sea de beneficio para sus vidas, como ha sido para la mía. Continuaré la próxima semana con otro tema, siempre encadenado a esto que estamos viendo, y no se olviden de enviarme sus comentarios o escribirlos en este espacio, que serán bienvenidos.


Que Dios les bendiga siempre.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Ser Conscientes de Dios

Quiero empezar este nuevo tema con las palabras que escribió el gran teólogo Juan Calvino en su libro Institución de la Religión Cristiana, que dicen: "Casi toda la sabiduría que poseemos, es decir, la sabiduría que es verdadera y confiable, puede reducirse a dos cosas: el conocimiento de Dios y de nosotros mismos."

Esta palabras resumen en buena manera a lo que he escrito en los dos anteriores temas, pero, como siempre hay un pero, también me introducen un nuevo problema o más bien otras dudas, muchas dudas mas.

Si es cierto o afirmamos que la sabiduría consiste en "el conocimiento de Dios y de nosotros mismos", entonces; ¿Quién tiene dicho conocimiento? ¿Quién puede verdaderamente conocer a Dios y conocerse a sí mismo?"

Si somos sinceros, debemos admitir, que la única respuesta posible es: "Nadie".
Realmente creo que, nadie puede conocer verdaderamente a Dios, y, también diría que nosotros tampoco podemos conocernos a nosotros mismos en forma adecuada, por el simple hecho de que no hemos conocido a Dios en primer lugar. Pero, de nuevo otras preguntas; ¿Por qué no conocemos a Dios? ¿No es posible llegar a conocerle?, ¿Acaso es su culpa, o la nuestra?

Naturalmente, nos resultaría más fácil culparlo a él, pero, si esta es la respuesta a las preguntas, en donde queda lo de que Dios puede hacer cualquier cosa?, pero por el otro lado, si la culpa es de nosotros (o, podríamos preferir decir, si la culpa está en la naturaleza de las cosas), entonces no hay nada que pueda hacerse, no podríamos llegar al conocimiento de Dios y de nosotros.

Para tratar de resolver este problema, yo les preguntaría, en donde podemos buscar algo que nos interesa conocer, en un lugar en donde haya luz o en un lugar que esta a oscuras. Donde sería más fácil hallar lo que buscamos. Indudablemente la respuesta es: "En donde hay luz".

Entonces, si lo que deseamos es llegar a conocer a Dios, debemos de buscarlo en el lugar que tenga la suficiente luz para poder encontrarlo, y ese lugar es ni mas ni menos que “LA BIBLIA”, es el único lugar con suficiente luz para encontrar a Dios y en ella encontramos que el problema de no conocerle, no es culpa de el sino nuestra, aunque nos parezca no muy grato esta afirmación.

Por lo tanto, el problema tiene solución!!. Tiene solución por que Dios ha tomado la iniciativa de revelarse o darse a conocer a nosotros, por medio de su palabra escrita, La Biblia, y así proveernos con la llave que nos faltaba.

Ahora bien, debemos tomar en cuenta, otro problema, aunque este resulte extraño, que es, el que, la persona que no conoce a Dios, en un cierto sentido, pero igualmente válido, le conoce pero reprime ese conocimiento. Acá debemos ver la diferencia entre "ser conscientes" de Dios y verdaderamente "conocer a Dios". Conocer a Dios significa tomar conciencia de nuestra profunda necesidad espiritual y de cómo Dios puede suplir dicha necesidad, para luego confiar en Dios y adorarlo. Ser conscientes de Dios sería sólo saber que Dios existe y que merece ser obedecido y adorado.

La mayoría de los hombres y las mujeres no conocen, ni obedecen, ni adoran a Dios en forma natural. Sin embargo, son conscientes de Dios.

Esto nos lleva a una de las afirmaciones más importantes que han sido registradas para beneficio de todos nosotros, la cual se encuentra en La Biblia, en la carta del apóstol Pablo a la iglesia recién establecida en Roma, alrededor de los años 56 y 57 d.C., y esta dice así:

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible, en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” (Rom. 1:18-23)

En este párrafo de la carta de Pablo a los Romanos, se pueden ver muchos aspectos e ideas, pero yo quisiera que podamos ver tres ideas fundamentales, que son estas:

  • Primero, la ira de Dios se despliega contra el hombre natural.
  • Segundo, el hombre ha rechazado a Dios deliberadamente.
  • Tercero, este rechazo ha tenido lugar a pesar de la conciencia que de Dios posee toda persona naturalmente.

Siguiendo con el tema, entonces, tomando la tercera idea, de la conciencia de Dios que toda persona posee naturalmente, podemos ver que, aunque nadie conoce a Dios naturalmente, nuestro fracaso en conocer a Dios no es culpa de Dios, sino que nuestra, ya que Él se ha revelado a sí mismo en dos aspectos, y todos tenemos la oportunidad de poder verlos.

El primer aspecto es la revelación de Dios en la naturaleza. Pablo dice que todo lo que el hombre natural puede conocer sobre Dios ha sido revelado en la naturaleza. Por supuesto, que este conocimiento es un poco limitado y talvez costará un poco ver a Dios en la naturaleza, pero aunque dicho conocimiento resultare limitado a algunos, es suficiente para que nadie pueda usarlo como excusa, como bien dice Pablo, y no seguir de ahí en adelante buscando a Dios en su plenitud.

En un lenguaje contemporáneo, la frases "eterno poder" puede entenderse cómo la palabra “supremacía”, y "deidad" podría ser sustituida por “ser”, por lo cual, podemos entender que Pablo nos está diciendo que la evidencia proporcionada por la naturaleza acerca de un “Ser Supremo” es amplia y enteramente convincente. Dios existe, y los seres humanos lo saben. Quien no ha estado en lugar apartado del bullicio y luces de la ciudad, ya sea un campo que da a una vista de montañas, lago, volcanes, etc., y no tiene esa sensación de algo o alguien muy poderoso tuvo que haber hecho eso.

Entonces, cuando los hombres y las mujeres se niegan a reconocer y adorar a Dios, de acuerdo a esta evidencia, la culpa no está en la falta de dicha evidencia sino en su determinación irracional de no conocerle o no verle.

En el Antiguo Testamento, encontramos en el Salmo 19:1-4, otra clara evidencia de la revelación de Dios en la naturaleza, cuando leemos:

"Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras"

El asunto es que la evidencia de la revelación de Dios en la naturaleza es suficiente para convencer a cualquiera de la existencia y el poder de Dios, eso si y solo si, la persona la acepta.

Bueno, en el próximo escrito seguiré con el segundo aspecto.

Que Dios los bendiga a todos.

lunes, 22 de octubre de 2007

Conociendo a Dios. II Parte

Siguiendo con el tema inical de “Conociendo a Dios”, alguien podría decir que todo esto suena complicado o difícil o querer tener una buena razón por la que debieran interesarse en este tema. Razones u objeciones razonables y valederas, diría yo.
Pero como contestar o tratar de una buena razon para que alguien se interese en conocer mas de Dios? A esto yo no creo pueda hacerse con una solo respuesta ya que hay varias, si no muchas respuestas y razones, de las cuales yo presento estas:

Primero, diríamos que, el conocimiento de Dios es importante, porque sólo a través del conocimiento de Dios una persona puede acceder a lo que la Biblia denomina la vida eterna. Jesús señaló esto cuando orando dijo: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Jn. 17:3).
Esta razón de repente que no sería lo suficientemente importante para alguien desee conocer a Dios a como de lugar. Pero esto se debe a que, la persona, que La Biblia llama “hombre natural”, aún no conoce de Dios y sus propósitos eternos para el y nosotros, y no puede comprender esto de tener vida eterna.
Para poner un ejemplo, esto sería como una persona que dice que no le gusta la música clásica. Que no la pueda apreciar, no le quita ningún mérito a la música clásica; sólo nos indica que esa persona no tiene un buen sentido de apreciación. Del mismo modo aquel que no aprecia el don de vida que Dios da a los que le conocen, nos indica que no tienen la capacidad de comprender o valorar lo que no tienen.
La Biblia nos dice: "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Co. 2:14).
Puede ser de ayuda decirle a esa persona que la promesa de vida eterna es también la promesa de poder vivir plenamente como un auténtico ser humano. Esto es cierto, pero también es cierto que la vida eterna es más que esto. Significa “nacer de nuevo”, no sólo en el sentido nuevo acá en la tierra, sino también en un sentido eterno. Es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (Jn. 11:25-26).

En segundo lugar, el conocimiento de Dios es importante porque, como ya lo señale en el primer escrito, implica un conocimiento de nosotros mismos. Hoy en día vivimos el presente de la psiquiatría y la psicología. Los hombres y las mujeres gastan miles, y porque no decirlo millones de dinero para conocerse a sí mismos, para comprender sus problemas o locuras. No digo que no tengamos necesidad de la psicología, pero sigo creyendo que esto por sí solo no es suficiente si no lleva a los individuos a un conocimiento de Dios contra el cual medir su propia valía y sus limitaciones.
Por un lado, el conocimiento que podemos tener de nosotros mismos mediante el conocimiento de Dios implicará comprender que tenemos que ser humildes, ya que no somos Dios, no nos parecemos a él; El es santo; nosotros no somos santos. El es bondad; nosotros no somos bondad. El es sabio; nosotros somos necios. El es poderoso; nosotros somos débiles. El está lleno de amor y de gracia; nosotros estamos llenos de odio y de egoísmo.
Por lo tanto, conocer a Dios es vernos como se vio el profeta Isaías cuando dijo: "¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Is. 6:5). 0 como Simón Pedro cuando dijo: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador" (Lc. 5:8).
Por otro lado, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos mediante el conocimiento de Dios nos reafirma y nos satisface. Porque a pesar de lo que nos henos convertido, todavía somos criaturas de Dios y él nos ama. No existe una dignidad más alta que haya sido otorgada al hombre y a la mujer que la dignidad que la Biblia les otorga.

En tercer lugar, el conocimiento de Dios también nos brinda un conocimiento del mundo: lo bueno y lo malo que hay en él, su pasado y su futuro, su propósito y el juicio venidero que hay sobre él. En otras palabras, si el conocimiento de Dios nos da un conocimiento de nosotros mismos, lógicamente debe darnos también un conocimiento del mundo; ya que el mundo está conformado en gran parte por los individuos que lo componen. Por otro lado, el mundo tiene una relación especial con Dios, tanto con respecto a su pecado y rebeldía como a su valor como vehículo para los propósitos divinos. Es un lugar confuso hasta que conocemos al Dios que lo creó, y aprendemos por qué lo creó y qué es lo que le sucederá.

En cuarto lugar, el conocimiento de Dios es importante porque es el único camino para la santidad personal. Pero, arriba escribo que Dios es santo, y nosotros no somos santos. Será que me estoy contradiciendo? No, realmente Dios quiere que seamos santos como El es santo, y este propósito es un proceso que tenemos de toda la vida, cuando le llegamos a conocer a El, aunque sepamos que nunca llegaremos a ser santos como El lo es (al menos en esta tierra). Este propósito es algo que el hombre natural no desea. Pero, de todos modos, es un propósito muy importante si queremos tener la vida eterna. Nuestros problemas derivan no del hecho que somos ignorantes de Dios sino del hecho que somos pecaminosos. No queremos el bien. A veces lo odiamos, aun cuando el bien obra en nuestro beneficio. El conocimiento de Dios conduce a la santidad. Conocer a Dios tal como es, es amarlo como es y desear ser como El es.
Teniendo en cuenta lo anterior, se puede entender el mensaje que Jeremías, el antiguo profeta de Israel, cuando escribió: "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová" (Jer. 9:23-24). Jeremías también escribió acerca de un día en el que aquellos que no conocen a Dios llegarían a conocerle. "Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado" (Jer. 31:34)

Por último, en quinto lugar, debemos saber el conocimiento de Dios es importante en el sentido que es sólo mediante el conocimiento de Dios, que la iglesia y aquellos que la componen pueden llegar a tener poder. Nosotros como bien sabemos, somos débiles, pero como bien escribió Daniel, otro antiguo profeta de Israel: "el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará" (Dn. 11:32).
¿Por qué la iglesia es débil? ¿Por qué las personas cristianas son débiles? ¿Por qué no hay muchos cristianos poderosos? Podemos encontrar la causa de esto, en la ausencia de un conocimiento espiritual serio del Dios que se predica. Es porque han permitido que sus mentes se conformen al "espíritu de la época", con su pensamiento mecanicista, conformista y ajeno a Dios. Se han olvidado cómo es Dios y lo que ha prometido a aquellos que confían en él.

Si le pedimos al cristiano promedio que hable de Dios, después de las primeras respuestas, veremos que su dios es un pequeño dios de sentimientos vacilantes. Es un dios que le gustaría salvar al mundo, pero que no puede. Que le gustaría evitar la maldad, pero de alguna manera, tampoco puede, eso está fuera de su poder. Lo ve como que está en una especie de retiro, dispuesto a dar buenos consejos como un abuelo cariñoso, pero que la mayor parte del tiempo ha dejado que sus hijos se las arreglen por sí solos en un medio ambiente peligroso.
Este dios, no es el Dios de la Biblia. Aquellos que conocen al Dios de La Biblia, perciben el error en esta clase de pensamientos y de conformidad. El Dios de la Biblia no es débil; es poderoso. ¡Es todopoderoso! Nada ocurre sin su permiso o fuera de sus propósitos ni siquiera la maldad. No hay nada que lo perturbe o que no pueda comprender. Sus propósitos siempre son logrados. Por lo tanto, aquellos que le conocen verdaderamente actúan con firmeza, en la seguridad de que Dios está con ellos para cumplir su propósito en sus vidas.

¿Quieren un ejemplo?, hay muchos ejemplos en la Biblia, pero no hay ejemplo mejor que el de Daniel. Daniel y sus amigos eran hombres temerosos de Dios en la época hostil que les tocó vivir, la antigua Babilonia. Eran esclavos. Servían en la corte. Pero las dificultades comenzaron cuando se negaron a obedecer las órdenes que fueran contrarias a las del Dios verdadero a quien conocían y adoraban. Cuando Nabucodonosor rey de Babilonia, obligó a todos a adorarle y postrarse delante de la estatua que él había levantado, Daniel y sus amigos se negaron. Y, cuando durante treinta días se abolieron las oraciones a cualquiera que no fuera el rey Darío, Daniel siguió haciendo como había hecho hasta entonces: oraba a Dios tres veces al día frente a su ventana.
¿Qué les pasaba a estos hombres? ¿No sabían prever cuáles serían las consecuencias? ¿Creían que su desacato sería pasado por alto? De ningún modo. Conocían las consecuencias, pero también conocían a Dios. Podían ser poderosos, confiando en que Dios haría con ellos su voluntad, la salvación o la destrucción en el foso de los leones o en el horno de fuego ardiendo. Estos hombres dijeron: "He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (Dn. 3:17-18).
Y el Dios de Daniel y sus amigos que habla La Biblia, libro a estos hombres de sus enemigos con gran poder, poder que solo El como único Dios poderoso lo pudo hacer, y lo sigue haciendo hoy en día, con aquellos que le conocen o quieren llegar a conocerle, como lo hizo con Daniel y muchos otros mas.

Un dios débil no puede producir hombres poderosos, ni tampoco merece ser adorado.

Un Dios poderoso, como el Dios de la Biblia, es una fuente de poder para aquellos que le conocen y le temen, por lo cual, El si merece ser adorado.

Creo que estas razones son suficientes para que cualquiera quiera conocer mas de Dios.

¿Ustedes que creen?